Mundo: Gorbachov, el hombre que aseguró el final 'controlado' de la Unión Soviética y puso fin a la Guerra Fría

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“Una sociedad nunca debe volverse como un estanque con agua estancada, sin movimiento. Eso es lo importante”. Mijaíl Gorbachov pronunció esta frase y no la dejó solamente en teoría, sino que la llevó también a la práctica (o al menos trató de hacerlo). El último líder de la Unión Soviética ha muerto este martes a los 91 años y será recordado como uno de los hombres importantes de Europa. Si alguien abre los libros de Historia el nombre de quien ‘dirigió’ el final de la URSS aparece en capítulos muy relevantes. Para muchos es quien acercó a lo que hoy es Rusia a Europa; para otros quien cerró una época que ya no se volverá a repetir.

Gorbachov estuvo poco tiempo en el puesto de secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Seis años, desde 1985 hasta 1991, que fueron suficiente para llevar adelante la llamada perestroika: es decir, el conjunto de reformas destinadas, a la larga, hacia lo que fue un final ‘dulce’ para la URSS. Socialista convencido, el líder llevó adelante reformas para la distribución de los ingresos de forma lo equitativa posible, así como la liberalización de precios instalada de manera definitiva en 1992, ya sin la Unión Soviética. Eso le hizo acercarse (y tener buenas relaciones) con líderes occidentales, entre los que se encontraba Margaret Thatcher.

Los planes económicos de Gorbachov estaban destinados a cerrar las brechas sociales, pero no fueron de fácil implementación y se encontraron con una fuerte oposición incluso dentro de la URSS entre los cercanos a los postulados comunistas. A su llegada al poder en 1985 el estancamiento era total, y Mijaíl Gorbachov puso en duda todos los planteamientos de la época de Stalin, a los que habían dado continuidad tanto Brézhnev como sus sucesores, Andropov y Chernenko. El último presidente de la URSS mantuvo unas ideas aperturistas que movieron a la Unión Soviética hacia el capitalismo.

Dejar atrás a Stalin

Pese a las presiones, fue el jefe de propaganda del Comité Central del Partido y llamado “arquitecto” de la propia perestroika, Alexander Yakovlev el que desarrolló una campaña para que las reformas de Gorbachov tuvieran buena acogida, algo que no es uniforme entre todas las exrepúblicas soviéticas y lo que hoy es Rusia, donde por ejemplo Stalin mantiene niveles de popularidad muy superiores a los de Gorbachov, según datos del Pew Research Center. En cambio, el último líder de la URSS arrasa sobre el dictador en países como Rumanía, República Checa o Hungría.

Otra vertiente de la labor de Gorbachov, y no menos relevante, fue la política exterior. De hecho, puso fin directamente a la Guerra Fría y recibió en Moscú al presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan. La última fase de la URSS estuvo marcada por una idea de su ‘jefe’ de reducir el armamento y apostar por un discurso pacifista, con más acercamiento a lo que hoy se define como democracias liberales.

A la larga, la ruta escogida por Mijaíl Gorbachov provocó una sucesión de protestas e iniciativas políticas que hicieron caer a la URSS. Como un castillo de naipes, una vez que todas las repúblicas soviéticas, con la excepción de Georgia y las tres bálticas, dieron la puntilla a la URSS en la cumbre de Almaty, Gorbachov inició el proceso de traspaso de poder. Y no era partidario de esperar tanto tiempo. De hecho, en una de sus biografías -escrita por William Taubman- se recoge que tuvo decidido dimitir antes de la caída final, pero sus asesores cercanos le convencieron para aguantar.

Un legado en contra de las guerras

Antes de certificar su salida, Gorbachov no se libró de un intento de golpe de estado, ya en 1991, orquestado por miembros del PCUS, del gobierno y la KGB. La figura de Boris Yeltsin, presidente de Rusia, se iba desgastando y con ello la de un Mijaíl Gorbachov que era un convencido por ejemplo de las elecciones libres. Y tuvo cintura por ejemplo cuando el propio Yeltsin viajó a Minsk para pactar la caída, eso sí abrupta, de la URSS. La conspiración no le salió, pero Gorbachov era consciente de que el último capítulo estaba cerca; simplemente trató de dulcificar la ‘sentencia’. El 25 de diciembre de 1991 se decretó de forma oficial el final de la Unión Soviética y su último líder dimitió después de haber recibido, un año antes, el premio Nobel de .

Tras su salida siguió ligado a la política rusa, pero al mismo tiempo fue ganando peso en clave internacional, e incluso se postuló para ser presidente de Rusia, sin suerte, en 1996. Hizo varias visitas a España y en 2002 recibió el Premio Carlos V; se convirtió en un auténtico referente que, además, mantuvo sus ideas pacifistas: se opuso al bombardeo de la OTAN en Yugoslavia y a la guerra de Irak, y fue clave en 2009 en el intento de Barack Obama por reiniciar las relaciones entre Rusia y Estados Unidos. También estuvo en contra de la anexión ilegal de Crimea en 2014.

La invasión rusa de Ucrania ya le ha encontrado totalmente fuera del foco y aunque ha sido elogiado en varias ocasiones por Vladimir Putin nunca tuvieron un vínculo relevante. A Gorbachov no le gustaba la deriva actual de Rusia, siempre hizo gala de su oposición a los conflictos, ayudó a poner fin a uno de los importantes de la historia y quedará, para muchos, como un referente no de la política sino de cómo entender las relaciones internacionales. El legado de Gorbachov, al fin y al cabo, no se quedó en una URSS que, gracias en gran parte a él, cayó en lugar de implosionar.

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