De cómo el dinero se volvió digital

En las entregas anteriores explicamos cómo el dinero cambia de manos a través de los sistemas de pagos, aunque físicamente permanezca guardado en una bóveda bancaria. Y que este proceso funciona, pues la gente tiene la confianza en que el dinero real está en su cuenta cuando necesite usarlo.

Hoy hablaremos VALOR del dinero.

Un objeto, una casa o una obra de arte tiene valor por una de tres características: calidad, durabilidad, mercado. En el caso dinero, su “calidad” depende del respaldo que tiene, su “durabilidad” depende de quién es responsable de su emisión, y el “mercado” es su uso y su aceptación como medio de pago, unidad de cuenta y depósito de valor.

Se podría agregar una cuarta característica que incide en el valor las cosas y dinero, y es la especulación. Es decir, cuando se invierte con la esperanza de que ese dinero u objeto, en el tiempo, aumentará de valor.

En sentido general y simplificando un esquema mucho complejo, el dinero debe cumplir, al menos, con esas cuatro características.      Todo esto, independientemente de si es dinero físico o un pago digital a través de los medios debidamente regulados. Estamos de acuerdo en que el dinero real se mueve digitalmente.

Recuerdo, que muchos años mi abuela regresó de un viaje y trajo una lata pequeña, pintada muy bonita. Era aire en lata de una ciudad lejana. Le hacía mucha ilusión. Pero nunca pude entender qué iba a pasar cuando se abriera la lata. Creo que todavía debe estar cerrada en algún cajón.

¿Qué valor tenía la lata de aire? Ninguno. No cumplía con ninguna de las cuatro características mencionadas.

Pero a mi abuela le encantaba y la mostraba feliz a sus amistades.

Volviendo a nuestro tema, a nadie se le ir al colmado y pagar con dinero de Monopolio. O con tokens de videojuegos. O con una lata llena de aire. ¿Por qué? Porque no tienen VALOR.

El fabricante Monopolio o del videojuego no garantiza que el dinero que se usa para jugar sirve para pagar en el mundo real. Y el dependiente del colmado se va a reír en nuestra cara al la lata de aire.

Igual en el ciberespacio, hoy en día hay muchos activos digitales para intercambio o inversión, cuyo valor se basa solamente en la cuarta característica: la especulación. O, como la lata de aire de mi abuela, en la ilusión de exhibirla. Y existen seres humanos que, en su insondable complejidad, deciden poner sus ahorros con valor real en esos activos, apostando a la suerte y con la única garantía que la fuerza de su esperanza.



Fuente LD

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