Vademécum de la envidia

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No es difícil la envidia si apelamos a su naturaleza y a su estructura. Por ser un acto de la voluntad que unido al libre albedrío es un sentimiento, un vicio y a la vez una pasión, que desemboca en una “aversión contra el que, por el hecho de su superioridad afecta desagradablemente a otro, siendo fundamental la conciencia de la propia inferioridad”.

El mejor compendio de la envidia lo encontramos en la Sagrada Biblia.  Caín mató a su hermano Abel, Esaú aborreció a Jacob, José fue vendido por hermanos, Saúl intentó asesinar a David, y Jesús fue condenado a muerte.

De esta manera, varias son manifestaciones en las personas que permiten identificar la envidia cuando el bien del otro produce tristeza; ii) el egocentrismo, que toma en forma de comparación; iii) el modo de mirar el bien de los otros; iv) resaltar su valía mediante la comparación; v) la crítica negativa y la difamación; vi) la burla y la ironía; vii) la relativización en reconocer los méritos ajenos;  vii) manifestaciones corporales, que de igual manera como la “ ruboriza el rostro, el sentimiento de envidia parece generar una reducción de la circulación sanguínea, que se refleja en 1a palidez de la cara, y por eso se habla de la pálida envidia o de la envidia lívida”.

Lo peor de la envidia es cuando alguien se regocija el mal ajeno, deleitándose sosegadamente con todos los infortunios y calamidades que les ocurren a otros.

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Fuente LD

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